 Es indiscutible el poder de convocatoria de la Virgen de los Reyes en su anual salida para reencontrarse con Sevilla. Miles de personas acumuladas en el perímetro de la Catedral volvieron a certificar ayer que la devoción y la fidelidad hacia la Patrona de la ciudad y de la Archidiócesis no cede ni un ápice. Incluso era perceptible un aumento en la masa compacta que sigue el breve recorrido de la Virgen, quizá atribuible a la grave crisis economica, que ha impedido el veraneo de muchas familias, aunque, todos sabemos, y no es leyenda urbana, que hay muchos fieles que se desplazan a Sevilla desde las playas para vivir la intensa mañana del 15 de agosto. Día muy especial el de ayer, aparte de la significación intrínseca de la festividad, cumplida a rajatabla por la ciudad, por la futura marcha del cardenal, monseñor Amigo Vallejo, de la silla de San Isidoro, cuando Su Santidad el Papa lo decida tras recibir la carta de renuncia a su oficio por cumplir 75 años el próximo domingo 23. Don Carlos estaba emocionado. Seguido por su fiel hermano Pablo Noguer y tras el paso de la Virgen de los Reyes, una de sus grandes devociones junto a Santa Ángela de la Cruz, el cardenal que pudo ser Papa, se mostraba serio, pero en ocasiones sonrió y saludó a algunos de los fieles que contemplaban la procesión. Delante de la Virgen, y cerrando la representación del Cabildo Catedral, se situó el arzobispo coadjutor, monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, designado por Benedicto XVI para suceder a fray Carlos. Muchas miradas para escudriñar los rostros de ambos prelados y mucha atención al pontifical del cardenal, por si, entre líneas, empezaba a decir adiós a la Archidiócesis. No fue así y la incertidumbre sobre si el Papa prorrogará su permanencia al frente de la grey sevillana, un extremo deseado por la mayoría de los sectores de la ciudad, volvió a quedar en el aire.
En cualquier caso, el día de la Asunción siguió el argumento repetido año tras año, con las Vírgenes del Tránsito esperando en los conventos del Pozo Santo y Santa Rosalía a que acabe la vuelta de la Patrona al Templo Metropolitano para recibir la visita de los sevillanos, que cumplen también con este entrañable rito de la mañana. Un día que comienza cuando todavía no ha amanecido y ya se ven pequeños arroyos de gente que, desde todos los barrios de la ciudad, se dirigen a la Seo. Por las carreteras aún se veían fieles que acudían desde los pueblos limítrofes abonando esa costumbre de peregrinar hacia la Virgen y alcanzar una de las tres misas que se celebran a las cinco, las seis y las seis y media de la mañana antes de la salida procesional. Son horas en las que los fieles fueron tomando posiciones alrededor de la mole de la Catedral, en cuyas gradas algunos dormitaban. El recorrido, vallado, estaba tomado desde mucho antes de la siete por una especie de carrera oficial montada con sillas de toda procedencia, desde las de playa, incluso con respaldo, hasta los más discretos trípodes pasando por las de los chinos, que tanto han dado y darán que hablar, ya que es una práctica no regulada que causa más de un problema al impedir directamente el normal tránsito de aquellos que están acostumbrados a ir caminando a la par de la procesión o que quieren volver a verla. Sin incidencias, salvo alguna pequeña bulla de grupos poco respetuosos a la salida de la imagen, en la calle Alemanes o en la Plaza del Triunfo, que fueron mandados a callar por el resto de público, la procesión de la Virgen de los Reyes volvió a ceñirse perfectamente a sus parámetros, una hora y media, y a su justa proporción de representaciones. Son los que son y los que tienen que estar, cortejo cabal que no aburre y que se sigue sin agobios. La temperatura también acompañó y a excepción de zonas en donde el sol daba de lleno -como en la cara de la Puerta de Campanillas que mira al Archivo de Indias-, era soportable permanecer de pie esperando el paso de tumbilla, que como es preceptivo, en cada esquina del templo metropolitano, dio sus 360 grados de vuelta para mirar a todos los puntos de Sevilla, para sorpresa de algunos turistas foráneos y patrios Mucha cámara de fotógrafo aficionado y mucho aparato de vídeo de última generación para inmortalizar primero a la Virgen de los Reyes y después captar desde el exorno de nardos hasta los chaqués de los representantes municipales y provinciales, encabezados por el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, a quien la ciudadanía, educada y respetuosa, sabiendo estar, sólo murmuró, como para sí misma, los inconvenientes de las obras y las calles cortadas. ABC |